Pienso que
el recreo debe ser un espacio libre para los niños y niñas, de descanso mental y
con una gran importancia en su desarrollo. En él no deberían tener actividades
guiadas, ya que es uno de los lugares donde ellos desarrollan la creatividad y
la imaginación, a través de la invención de historias o juegos, pero también
explorando y descubriendo lo que les rodea.
No podemos
olvidar que el recreo es un espacio educativo, en él se aprenden valores,
normas, entre otras. Todo ello gracias a la socialización que se produce al relacionarse
con sus iguales, aprenden a compartir, a
ayudarse unos a otros, a comunicarse, empiezan a empatizar, a ponerse en el
lugar de los demás y a respetarse unos a otros
No
solo favorece social y emocionalmente, sino que físicamente también es importante
ya que liberan tensiones a través de la actividad física, incluso elimina el
estrés que los niños puedan acumular en el aula.
El papel del
maestro en cuanto al recreo es importante. Desde mi punto de vista debe ser un observador
que solo intervenga para guiar, supervisar o intervenir en algún caso donde se
produzca algún conflicto o problema. No solo debería cumplir esas acciones,
sino que es fundamental que este pendiente de si existe algún niño que se
encuentre solo o este excluido por sus compañeros, esto contribuirá a encauzar
la situación y la integración del niño en el grupo.
Muchas veces me he encontrado con un punto negativo con respeto al
recreo y es “castigar sin recreo”. Estoy totalmente en contra de privarle al
niño este espacio, pienso que no se debe establecer un castigo así. No creo que
esto mejore la conducta o influya, sino al revés. Lo veo como un derecho que
tiene el niño y que por lo tanto se debe respetar.
Los patios de los colegios, deben ser un espacio adecuado y seguro
para los niños y niñas. Deberían tener colores vivos o dibujos, columpios,
plantas e incluso en algunos centros hay un huerto. Lo que no podemos permitir
es tener zonas que puedan ser peligrosas para los niños.
Cuando yo era pequeña recuerdo que mi patio era muy grande, de
hecho se me hacía enorme. Tenía dos columpios, por los cuales nos peleábamos bastante;
dos patios que se comunicaban entre sí y entre ellos había: rincones, esquinas
donde esconderse, algún muro levantado en el suelo que dividía los dos campos;
había fuentes; teníamos soportales grandes por si llovía, etc. Pero lo que más
me gustaba de mi patio era el arenero, llenarse de tierra el babi era increíble,
hacer albóndigas, montañas o incluso tartas. Todos los colegios deberían tener
uno en su patio, ya que es muy divertido y se presta a diversas experiencias
para los niños, a investigar y a explorar lo que hay en ese espacio.






